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    14 de octubre de 2026

    cuando estuve con mi prima

    cuando estuve con mi prima
    cuando estuve con mi prima

    Hola, ¿qué tal? Mi nombre es Eryck y les voy a contar una vivencia de mi vida, de cuando yo era joven y estaba en la secundaria. Tenía 18 años y recuerdo que íbamos a hacer nuestros cumpleaños. Nuestros cumpleaños eran el mismo mes; solo variaba el día, pero eran tres festejos. Y mis padres dijeron: "¿Y si hacemos solo una fiesta y festejamos a los tres al mismo tiempo?".

    Digo "íbamos" porque éramos tres hermanos que nos llevábamos de diferencia un año: el menor, Pepe, tenía 16 años; la que seguía, Tania, tenía 17; y yo tenía 18. Así que mis padres dijeron que, para no hacer tres eventos, lo haríamos juntos. Los tres haríamos los cumpleaños juntos; sería una celebración grande y matarían tres pájaros de un tiro, jeje.

    Bueno, así estuvo el plan y así se hizo. Como tenemos varios parientes por ambos lados, papá y mamá, llegaron familiares de varias partes de la república: tíos, primos y demás invitados a la fiesta. Muchos parientes hasta pidieron permisos en sus respectivos trabajos, pues sabían que cuando mis padres hacían fiesta era en grande: mucha comida, hasta para llevar, y alcohol de todo tipo, desde unas riquísimas cervezas hasta whisky, rones, brandys, vodkas y, para los fresas, Caribes Cooler.

    Llegó el tan ansiado momento del fiestón. Ya teníamos la casa llena con la poca gente que cupo y reservaron un hotel para el resto de los invitados. Cuatro pisos se llenaron con todos los asistentes.

    Bueno, les cuento: cuando vivía en mi estado natal, yo era muy chico y tenía una prima que, seguido, nos visitaba junto con mis tíos. Ella también tenía mi edad; se llama Lili. Recuerdo que cuando iban de vacaciones a la casa, mis padres y mis tíos se la pasaban enfiestados. Y recuerdo esos hermosos días, pues Lili y yo jugábamos con mis demás hermanos a las escondidas. Cuando corríamos a escondernos, yo la tomaba de la mano y buscaba un lugar en mi clóset, de esos clósets de piso a techo. Allí cabíamos los dos y casi nunca nos encontraban. En esos momentos, nos besábamos en la boca y nos agarrábamos nuestras partes todo el tiempo que estábamos escondidos. Así eran nuestros encuentros, y en todos los juegos que jugábamos era igual: buscar un buen escondite para besarnos y tocarnos.

    Hasta acabar bien chorreados, y a esa edad no sabíamos qué era eso. Bueno, hasta que entré en una escuela de gobierno y mis amiguitos me estimaban mucho porque en el recreo yo les invitaba el almuerzo, pues éramos gente con la gente y a mí me daban bastante dinero para gastar. Entonces, mis amiguitos me preguntaron que si ya me masturbaba. Y yo, inocentemente, les dije: "¿Qué es eso?". Ellos me explicaron cómo se masturbaban y se me hizo interesante.

    Después de la explicación, llegué a la casa y subí a mi cuarto, me metí al baño y empecé a jugar con mi pene. Rápido empezó a pararse y lo agarré con mi mano; empecé a subir y bajar la mano. Como no tenía circuncisión, me dolió cuando se bajó el cuerito que protegía mi cabecita, pero me puse un poco de crema y eso estuvo mejor, porque se sentía muy rico con la crema. Me masturbé hasta que me salía los mecos; pero los espasmos que me daban en las piernas se sentían muy ricos.

    Y así empezó mi vida de chaquetero, porque desde ese momento que descubrí eso, llegaba de la escuela y en todo el día me masturbaba unas 7 u 8 veces al día. Primero era así, con la mano, y un día estaba viendo la televisión acostado en mi cama y empezó a pararse aquello. Me puse con un pie abajo de la cama y el otro arriba, o sea, que la orilla de la cama me quedaba en el pene. Solo me ponía el pene para arriba y empezaba a subir y bajar, y sentía una rica presión en mi pene que se tallaba en la orilla del colchón.

    Y así, hasta que me chorreaba de mecos, y era necesario cambiarse los calzones todas las veces que me masturbaba. Al poco tiempo, después, inventé otra forma de hacerlo sin tocarme con la mano. ¿Saben qué hacía? Tomaba una toalla y la doblaba, y también agarraba una pequeña bolsa de plástico, le ponía crema adentro y la colocaba dentro de la toalla doblada, dejando la entrada de la bolsa en un extremo. Y la ponía entre el colchón y la base. Luego me hincaba y empezaba a meter mi pene poco a poco en la bolsa con crema, y se sentía muy rico, pero muy rico. Para darle más placer, me recargaba en el colchón y sentía cómo me apretaba muy rico el pene. Esa era la forma más placentera de masturbarme. Y terminar en la bolsita, sacaba mi pene, me lo limpiaba con un trapo que tenía especialmente para limpiarme el pene en esas situaciones. Después sacaba la bolsita y la tiraba; así ya no ensuciaba los calzones.